El agua está tan integrada en nuestra vida cotidiana que ya ni siquiera nos parece algo especial. Abrimos el grifo, tiramos de la cisterna o activamos el chorro de la ducha y allí está, esperando. Sin embargo, para que eso ocurra tienen que pasar muchas cosas, un complejo ciclo del agua que garantiza no solo que circule sino también que sea óptima para el consumo humano. Es un proceso en el que la tecnología también está muy presente.
“Se puede decir que toda el agua es tecnológica. Otra cosa es que sea analógica o digital”, explica Luis Babiano, gerente de la Asociación Española de Operadores Públicos de Abastecimiento y Saneamiento (AEOPAS). “Es un sector altamente tecnificado. Otra cosa es que estemos en el inicio de la digitalización. Nos falta todavía mucho para ser unos auténticos campeones digitales”, reconoce a CIO ESPAÑA.
“Aunque el agua sigue siendo un recurso físico, su gestión hoy es cada vez más digital”, explica al otro lado del correo electrónico María Gil, responsable de Idrica en España. Las utilities han incorporado a nivel global “sensores IoT, sistemas SCADA avanzados, telelectura, plataformas de analítica y, más recientemente, arquitecturas de datos tipo data lake que permiten integrar información de toda la operación”, apunta, lo que permite hacer una gestión más basada en datos.
Aun así, la digitalización del ciclo del agua es uno de los retos a los que se enfrenta el sector, uno que se vuelve mucho más acuciante cuando se tiene en cuenta el contexto en el que opera el agua. “La importancia es enorme porque el agua es un recurso cada vez más escaso y sometido a una gran presión”, explica Gil.
Las organizaciones ecologistas llevan años alertando sobre el impacto que tiene la presión creciente sobre los acuíferos, así como el coste que la crisis climática pasa en término de sequías. Según un informe de la ONU publicado en enero, el mundo ha entrado ya en una fase de “bancarrota hídrica”. “Muchas regiones han vivido muy por encima de sus posibilidades hidrológicas. Es como tener una cuenta bancaria a la que se le extrae dinero cada día sin que entre un solo depósito. El saldo ya es negativo”, explicaba entonces Kaveh Madani, el autor principal del informe.
España es, de hecho, uno de los terrenos más complejos en lo que presión hídrica se refiere. WWF advierte de que el país “se queda sin agua”, por ejemplo, y cada vez se habla más de estrés hídrico. La situación es compleja, porque, como advierte la propia industria del agua, también se pierden cantidades importantes por culpa de los problemas de las propias infraestructuras que dan soporte al ciclo del agua. Algunas estimaciones hablan de que entre el 19 y 20% del agua se desperdicia por fugas o averías.
La digitalización podría ayudar a ser más eficaces y, sobre todo, a mejorar la eficiencia y resiliencia del ciclo del agua. Como apuntan las fuentes expertas, se podría prever situaciones complejas, identificar problemas, optimizar redes y mejorar las cosas.
El estado de las cosas en España
En este proceso de salto a la digitalización, hay luces y elementos positivos, pero también hay matices que invitan a poner en cierta perspectiva el optimismo. Esto es, hablar con el sector deja claro que se están haciendo cosas y que existe mucho interés, pero que se necesita mucha más inversión y mucha más sensibilidad ante la importancia del problema y la necesidad de actuar para mejorar esas infraestructuras del agua.
“España es uno de los países más avanzados en gestión del agua y eso se está trasladando también al ámbito digital”, defiende Gil. “Estamos viendo utilities que ya operan con plataformas integradas, modelos de gemelo digital, analítica avanzada y despliegues amplios de telelectura”, ejemplifica.
El PERTE del agua (que destinó parte de los fondos europeos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia a la digitalización del ciclo del agua) ha servido para dar impulso a la transformación. “El PERTE del agua ha sido una auténtica semilla para sembrar la digitalización en el sector y esto es muy positivo”, señala Babiano. También Gil confirma que “está acelerando” el cambio. Así, ya existen proyectos que incorporan herramientas clave y que “pueden servir de locomotoras”, como apunta el gerente de AEOPAS. Pero esto es solo una parte de la foto. “El reto no es tanto tecnológico —la tecnología ya existe— como de adopción, integración y cambio cultural dentro de las organizaciones”, indica Gil.
Babiano es claro a la hora de pintar el panorama del sector: la digitalización del agua necesita financiación, una que llegue de forma sostenida. Puede que esto lleve a que cambien las tarifas del agua, pero Babiano apunta que se necesitan “también fuentes públicas para su desarrollo”. “Entre otras cosas, porque la digitalización debe ir de la mano con un proyecto país”, defiende. Un aspecto clave por el que es importante que se integre en una visión a nivel Estado y no se quede solo en algo de casos concretos es que se necesita que la digitalización llegue a todas partes. O, como asegura el experto, “no solo nos debemos centrar en las ciudades, sino también en los municipios pequeños”. Se trata de evitar que existan “dos velocidades”, una para municipios capaces de ser digitales y otra para aquellos que se quedarán con “unas carencias importantes en todo tipo de infraestructura, incluida la digitalización”.
Las ‘utilities’ han incorporado a nivel global “sensores IoT, sistemas SCADA avanzados, telelectura, plataformas de analítica y, más recientemente, arquitecturas de datos tipo ‘data lake’ que permiten integrar información de toda la operación”, apunta María Gil (Idrica)
Aquí entra, además, otro factor importante en el que incide Babiano. La digitalización del ciclo del agua necesita una base sólida: antes, hay que optimizar la propia infraestructura física que lleva el agua a la ciudadanía. Puede que hablar de cañerías y plantas de depuración no sea tan cool como hablar de IA, pero esa es la base del ciclo del agua y ahí es donde aparecen los primeros problemas. Ahora mismo, todavía existen zonas de España sin depuradoras (a pesar de que la normativa comunitaria lo penaliza). Además, en líneas generales, la infraestructura del agua tiene ya sus décadas, lo que crea focos de tensión. “Más del 30% de nuestras redes tiene más de 40 años”, recuerda Babiano. Para entenderlo solo hay que pensar en la reforma del baño de casa: llega un momento en el que cambiar las cañerías es inevitable. Aquí pasa a una mayor escala.
“La digitalización nos permite pasar de un nivel razonable de solvencia y mantenerlo en el tiempo”, afirma Babiano. Pero la transformación digital no debe ir sola: el experto advierte que “primero, se trata de optimizar nuestras pérdidas, invertir en nuestras redes, etc y luego entrar (o entrar en paralelo) en la digitalización”.
Los retos del agua
Todo esto ocurre, igualmente, en ese momento lleno de retos para el sector que no se debe perder de vista. “Estamos ante una necesidad imperiosa de una transición”, asegura Babiano. Las cuencas hidrográficas se enfrentan a sequías, a danas (que, como recuerda el experto, llevan al límite en tiempos récord a las infraestructuras, como a las plantas depuradoras que deben asumir una avalancha de agua) y a una mayor presión. “Y, sin embargo, no tenemos un proyecto muy claro en torno a cómo invertir en esta transición hídrica”, asegura. Babiano compara la situación de esta transición con la que viven la transición energética o la de movilidad, en las que existen planes, medidas fiscales e incentivos para la inversión con los que ellos no cuentan. La transición hídrica no cuenta con una situación parecida, aunque desde el sector insisten en que debería serlo.
En ese contexto de transición, la digitalización podría convertirse en una aliada para afrontar los retos del agua. “La tecnología no es la única solución, pero sí es un habilitador clave”, indica Gil. “Los grandes retos del agua (sequía, estrés hídrico, sobreexplotación) tienen una dimensión estructural, climática y también de gobernanza”, explica, pero recuerda que “sin tecnología es prácticamente imposible gestionarlos de forma eficiente”. Permite ver qué está ocurriendo, qué puede fallar y tomar mejores decisiones, al tiempo que “aporta transparencia y trazabilidad”. Como resume Babiano, “la digitalización aumenta exponencialmente nuestra excelencia”. “Por ejemplo, si monitorizas toda tu red, sabes la localización inmediata de los puntos donde está perdiendo más agua de lo normal”, muestra. Se puede avisar al usuario final de lo que está pasando y localizar la fuga (y solventarla).
En España, asegura Babiano, ya existen este tipo de soluciones. “Gran parte de la reducción de muchos de nuestros consumos está viniendo de la mano de los contadores inteligentes y de la monitorización y digitalización de nuestras redes”, apunta. “Lo que no estamos logrando todavía es mayores automatismos”, señala, recordando que alcanzar los niveles más elevados de mejoras llevará un tiempo. “Todavía estamos en una fase de, podemos decir, paso del ‘novato digital’ a la ‘integración vertical’”, resume.
Tecnologías emergentes para el cambio
Pero ¿qué herramientas TI son las que esperan a la vuelta de la esquina cuando se alcanza un nivel avanzado en la digitalización?
Unas cuentas tecnologías se han convertido en emergentes en la gestión global del agua, según concluye un informe de la plataforma de software Xylem Vue. Según enumera su análisis son la colaboración entre la administración pública y la empresa privada, las arquitecturas basadas en agentes, la ciberseguridad, los sistemas de alerta temprana y, por supuesto, la ya ubicua IA generativa.
El salto a la digitalización tiene otra cara, la de las potenciales amenazas de ciberseguridad
“La inteligencia artificial está empezando a jugar un papel muy relevante, especialmente cuando ya existe una base sólida de datos”, explica Gil (Idrica es, junto con Xylem, quienes están detrás de Xylem Vue). “Su principal aportación es la capacidad de encontrar patrones complejos y optimizar decisiones en entornos con múltiples variables”, apunta. “Es importante entender que la IA no sustituye al conocimiento experto de la operación”, recuerda, pero señala que cuando se combinan ambos se logran grandes resultados. Otro de los puntos destacados son los sistemas de alerta temprana, que, como explica la experta, “son uno de los mayores cambios de paradigma en la gestión del agua”. En lugar de esperar a que el fallo se produzca e impacte en el propio servicio, se adelantan a lo que va a ocurrir. “El valor está en ganar tiempo: pasar de reaccionar a prevenir. Y en un sistema tan complejo y sensible como el del agua, esa anticipación tiene un impacto directo en la continuidad del servicio, en los costes operativos y en la confianza del ciudadano”, indica.
Aunque, eso sí, el salto a la digitalización tiene otra cara, la de las potenciales amenazas de ciberseguridad. El agua no deja de ser una infraestructura crítica y muy sensible. “Sin duda, la digitalización amplía la superficie de exposición, y el sector del agua no es ajeno a ello”, reconoce Gil, que suma que esto se ha convertido ya “en una prioridad creciente”. “Lo que estamos viendo es una evolución hacia modelos de seguridad más maduros”, afirma. “También hay una mayor concienciación en el sector”, suma. “La clave está en que la digitalización y la ciberseguridad avancen de la mano. No son elementos independientes”.
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