Las nuevas tecnologías son una de las grandes protagonistas de la última convocatoria de empleo público a nivel estatal. A principios de mayo, el Consejo de Ministros aprobaba una oferta con 27.232 plazas. El principal destino de los futuros funcionarios estará en la Administración General del Estado y 1.700 plazas se irán al cuerpo superior de sistemas y tecnologías de la información (TIC).
Esto supone un crecimiento frente a convocatorias previas (son un 42% más que en 2025), pero también ha abierto la puerta a perfiles concretos de forma más específica que en pasadas ediciones. En esta oferta de empleo público, habrá plazas concretas para inteligencia artificial, ciberseguridad y ciencia del dato. Esto no supone, eso sí, que se vayan a trabajar áreas que no se estuviesen tocando. “Es importante que se visibilice, pero ya se lleva haciendo [ese trabajo] desde hace años”, explica a COMPUTERWORLD Leonor Torres, presidenta de ASTIC, la asociación de los funcionarios de los Cuerpos Superiores de Sistemas y Tecnologías de la Información de las Administraciones Públicas. De hecho, Torres ve un potencial riesgo en poner estos apellidos tan concretos a las plazas, “porque no hay carrera detrás”, lo que puede generar frustración profesional. Se pierde, apunta, la visión transversal. “No funciona como compartimentos estancos”, indica.
Pero, más allá de esta novedad, ¿son estas plazas muchas, suficientes o deberían ser más? “Desde ASTIC valoramos positivamente que se haya incrementado el número de plazas”, indica Torres, recordando que la transformación digital es compleja y necesita personal.
La clave podría no estar tanto en el número de plazas que se sacan a concurso, sino en qué ocurre con ellas. Esto es, si luego esos puestos se quedan vacíos, la convocatoria no habrá resuelto el problema. Guillermo Areán, miembro del cuerpo superior de funcionarios del Estado y que ha ocupado durante ocho años puestos directivos en organismos, contrapone a los titulares que hablan de que ‘se convocan miles de plazas’, una realidad en la que se cubren unos centenares.
Solo hay que echar mano del histórico de ofertas públicas previas. En TI se convocan plazas de nivel A (el más elevado) y C (el básico). Los aprobados de las A no suelen llegar para cubrir todos los puestos de la oferta.
Areán es crítico con el proceso actual y evidencia sus fallos. “Llevo cuatro años poniendo este problema sobre la mesa”, asegura. Al hilo de esta última convocatoria, ha publicado un estudio sobre qué falla en las ofertas de empleo público TI. Su conclusión es que se ha producido ya un “agotamiento estructural”. El complejo examen implica parar años para prepararlo (algo que no todo el mundo puede o quiere hacer), no está atrayendo talento y se produce un exceso de centralismo. No solo es un lastre que los propios procesos hayan sido habitualmente en Madrid, sino que las plazas se concentran en esa ciudad (y los salarios no siempre son lo suficientemente elevados como para que compense vivir allí o en comparación con lo que ofrece el mercado, a lo que hay que sumar que no todo el mundo querría necesariamente vivir allí). Areán cree que los procesos selectivos actuales “no están adaptados a la realidad”.
Desde ASTIC no comparten las críticas al completo. “Las pruebas las consideramos adecuadas”, apunta Torres, pero sí suma que, desde la asociación, creen que el proceso podría mejorarse. No ven tanto el fallo en el examen, como en los procesos de atribución de puestos. También ven un lastre en los salarios y en la centralización, que hace que se deje de usar todo el territorio estatal. Torres defiende mejoras en la planificación y el perfilado. Y añade: “la carrera profesional es muy importante”. No se trata solo de captar talento, sino de darle recorrido.
Agilizar es una de las grandes palabras clave que repiten las fuentes consultadas. Areán apunta que, una vez que se pasa el examen, la atribución de plazas es también lenta, algo que penaliza a la hora de la verdad. “Es curioso ver como el C1 tiene un 100% de cubrir plazas”, cuenta Areán, “pero las das en Madrid”. Así, cuando toca tomar la plaza en cuestión mucha gente rechaza, renuncia o acaba pidiendo excedencia. El salario es demasiado bajo par los costes de Madrid, pero el proceso ha sido largo y es probable, como señala este experto, que ya estés a otra cosa.
¿Qué falla? Guillermo Areán habla de “un problema estructural”
Qué falla en el empleo público en TI
Entonces ¿qué falla? Areán habla de “un problema estructural”. “Este no es un problema político”, asegura, sino uno de la cultura corporativa que se ha instalado en el funcionariado. Los procesos, la burocracia o la parálisis a la hora de hacer cosas nuevas crean un atasco. “Un problema es que no tenemos directivos que se atrevan a tomar decisiones”, señala Areán, que reclama que se pierda el miedo al riesgo y la innovación.
En ese escenario, la descentralización podría ser una solución. De hecho, como cuenta este experto, ya es factible en una Administración pública digitalizada. Él mismo lo hizo cuando ocupaba una posición directiva tecnológica en la Dirección General de Tráfico, con un proyecto premiado que descentralizó las plazas de informática. No se trataba de trabajo remoto, sino de sede remota. Si la DGT tiene oficinas repartidas por todo el territorio, su personal TI también podían estarlo. Como señala el experto, “qué más me da tener una persona en la oficina de Ourense, Alicante o Soria”. Esto tiene ventajas que van más allá de atraer talento y evitar el cuello de botella central, como por ejemplo descongestionar provincias sobrecargadas o tener un backup cuando los servicios públicos de una zona no pueden funcionar (un ejemplo sería lo que pasó durante la DANA).
Además, hay que tener presente que, si no se cubran las plazas, esas funciones sí deben hacerse. Por ello, las administraciones públicas acaban echando mano de las subcontratas. “El dinero público se queda en las grandes empresas”, lamenta Areán, que critica igualmente el modelo bajo el que se opera. La licitación va a quien ofrece el precio más bajo. El experto entiende que eso funcione en suministros, pero no comparte tanto que ocurra en funciones en las que se ofrecen presupuestos muy bajos para cubrir perfiles que deberían tener un salario que lo dobla. Lo ocupan trabajadores junior y se genera burnout y rotación.
En paralelo, la convocatoria pide perfiles A, muy expertos, o perfiles C, mucho más básicos, pero esto no cubre todo. “También estamos pendientes de que se cree el grupo B”, recuerda Torres, algo clave para fortalecer equipos y captar talento en los ciclos de FP.
“Las nuevas generaciones no nos conocen. No se conoce lo que se hace en el sector público”, se lamenta Leonor Torres (ASTIC)
Captar talento
Porque, al final, lo que necesita el cuerpo TIC es captar talento. “Las nuevas generaciones no nos conocen”, explica Torres. “No se conoce lo que se hace en el sector público”. Habría, apunta, que transmitir mejor a lo que se dedican y lo que logran. “Hay mucho que hacer, muchos proyectos”, suma Areán. Ambos expertos hablan de un trabajo “muy satisfactorio”, con proyectos muy interesantes, y del elevado valor del servicio público.
Y si bien esos salarios que pueden parecer menos competitivos que los del mercado son al principio de la carrera un lastre, las cosas cambian con el paso de los años. Torres cuenta que la función pública tiene un atractivo extra para ciertos perfiles senior, porque da una estabilidad que en lo privado a veces se pierde.
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