A lo largo de lo años he advertido sobre los peligros de que las empresas dependan de un pequeño grupo de proveedores de nube dominantes, como AWS, Microsoft Azure y Google Cloud Platform. Estas plataformas sustentan las operaciones de muchas empresas en todo el mundo, cada una de ellas con un historial de problemas derivados de la dependencia excesiva y la centralización. Sin embargo, el avance tan rápido de las tecnologías de nube y IA avanzan hace que la mayoría de las empresas dé prioridad a la adopción y la optimización por encima de las posibles vulnerabilidades de sus estrategias de nube.
La última interrupción de AWS, causada por un fallo en un centro de datos en el norte de Virginia (EE. UU.), afectó a sus clientes directos, pero también sirvió como un claro recordatorio de lo mucho que depende nuestro mundo digital de unos pocos gigantes de la nube. Un simple fallo del sistema en una región tuvo repercusiones en todo el mundo e interrumpió servicios críticos para millones de usuarios. Miles de organizaciones se vieron afectadas durante horas ya que todo se vio interrumpido: desde las plataformas de software financiero hasta los servicios de redes sociales. No era la primera vez que ocurría y probablemente tampoco será la última, ya que la computación en la nube está estructurada de manera centralizada y consolidada, por lo que es susceptible a puntos únicos de fallo. Aun así, existe un lado positivo. Las empresas se enfrentan a duras realidades sobre sus estrategias de infraestructura y se plantean seriamente diversificar sus plataformas.
Dependencia excesiva de los grandes proveedores de nube
En absoluto hay que subestimar la comodidad y la utilidad de los hiperescalares. Estas plataformas revolucionaron la forma en que las empresas consumen los recursos informáticos. El cambio de los sistemas tradicionales locales a los sistemas en la nube ayudó a las empresas a adoptar la flexibilidad, evitar grandes costes iniciales y ampliar las operaciones según lo necesitaran. Comodidad que terminó generando complacencia, y ésta condujo a una concentración excesiva.
La interrupción del servicio de AWS forma parte de un patrón más amplio de inestabilidad característico de los sistemas centralizados. En la actualidad, Amazon controla alrededor del 30% del mercado, seguida de Microsoft con un 20% y Google con un 13%. Estos tres proveedores conforman un ecosistema digital frágil; porque cuando un hiperescalar tropieza, ya sea por un fallo técnico, una configuración incorrecta o un fallo inesperado del hardware, el impacto es significativo. Azure y Google Cloud han experimentado recientemente sus propios fallos, lo que demuestra que ningún sistema es infalible independientemente de su reputación o tamaño. Sin embargo, las empresas dependen de ellos para casi todo, lo que hace que la mitigación de riesgos sea una prioridad mucho menor.
A esto hay que unir el hecho de que trabajar con un único proveedor de nube supone depender de él. Muchas organizaciones se han visto atrapadas, incapaces de salir debido a arquitecturas complejas, costes prohibitivos de traslado de datos y dependencias sustanciales de conocimientos. Unamos a esto los riesgos geopolíticos y normativos, en particular el dominio de los proveedores con sede en Estados Unidos, y el resultado final es un sistema actual inclinado claramente a favor de los proveedores frente a sus clientes. Además de ser un inconveniente, esto resulta insostenible para las organizaciones que valoran la resiliencia operativa y el cumplimiento de las leyes internacionales de soberanía de datos.
Cómo diversificar
La interrupción del servicio de AWS ha reavivado un antiguo debate sobre la diversificación organizativa en el sector de la nube. Se trata de una estrategia que, entre otros beneficios, mejora la resiliencia y descentraliza la exposición de la empresa a los riesgos, lo que garantiza que la interrupción del servicio de un único proveedor no paralice completamente las operaciones. Sin embargo, dar este paso requiere iniciativa y valentía por parte de los responsables de TI, que se han acostumbrado a la fiabilidad y la escala que ofrecen los proveedores dominantes.
Un esfuerzo hacia la diversificación que no se limita sólo al uso de una estrategia multicloud, aunque tampoco conviene desdeñar un enfoque combinado con múltiples hiperescalares. Las empresas también deben considerar plataformas y soluciones alternativas que añadan un valor único a sus carteras de TI. Las nubes soberanas, los servicios especializados de empresas como NeoCloud, los proveedores de servicios gestionados y las instalaciones de coubicación (colo) ofrecen opciones viables. Razones más que suficientes para explorarlas.
Los proveedores de nube soberana resultan especialmente atractivos para las organizaciones que operan en regiones con normas estrictas de soberanía de datos. Estas nubes están diseñadas específicamente para cumplir con las regulaciones locales, lo que da confianza a las empresas a la hora de gestionar información confidencial. Algo esencial para sectores como el financiero, el sanitario y el gubernamental. NeoCloud es uno de estos proveedores que mantiene normas de cumplimiento específicas y ofrece una alternativa personalizada a las opciones más generales que ofrecen los hiperescalares.
Los proveedores de servicios gestionados pueden ofrecer soluciones personalizadas que respondan directamente a las necesidades de las empresas, a la vez que proporcionan una mayor personalización, asistencia personalizada y responsabilidad. En lugar del enfoque único que caracteriza a los hiperescalares, los MSP permiten a las organizaciones crear sistemas que se ajustan mejor a sus procesos y objetivos específicos.
Los proveedores de coubicación siguen siendo una opción atractiva para combinar la computación en la nube con el hardware local. Entre otras cosas, permite a las empresas controlar la infraestructura crítica y obtener una escalabilidad similar a la de la nube a un coste menor. Opciones que también proporcionan a las empresas un mayor control sobre sus gastos, ayudan a evitar las tarifas de salida, a menudo elevadas, que cobran los hiperescalares y reducen la dependencia de sistemas remotos y centralizados que son vulnerables a las interrupciones.
Los retos para los responsables de TI
Si bien la diversificación puede parecer un enfoque obviamente mejor, lograrla requiere algo más que pulsar un botón. La dependencia actual de los hiperescalares no es casual, sino resultado de años de inversión, integración y adaptación. Los responsables de TI se enfrentan ahora al reto de desentrañar estas dependencias, desarrollar arquitecturas distribuidas y encontrar proveedores que puedan alinearse con las expectativas tecnológicas y normativas de sus empresas.
Más que técnico, el mayor reto podría ser psicológico. Muchas empresas han interiorizado la idea de que los hiperescaladores son la única opción real para la infraestructura en la nube. Para romper con esta mentalidad se necesita valor y un liderazgo fuerte, pero también desafiar la inercia del sector y adoptar proveedores alternativos más pequeños para mejorar la resiliencia. Los responsables de TI deben impulsar presupuestos y estrategias que reflejen el coste real que supone mantener una infraestructura robusta y diversificada, en lugar de centrarse únicamente en el ahorro a corto plazo que suelen suponer las configuraciones basadas exclusivamente en hiperescalares.
Por eso las empresas deben mirar más allá de la conveniencia inmediata y empezar a construir un modelo que haga hincapié en la resiliencia y la agilidad. La diversidad de la nube no es una tendencia futura, sino una necesidad emergente, pues las interrupciones del servicio, los marcos normativos y las cuestiones geopolíticas siguen influyendo en el mercado. Quienes no actúen ahora corren el riesgo de no estar preparados para el próximo incidente.
Ignorar la llamada de atención
La interrupción de AWS también constituyó un doloroso pero crucial ajuste de cuentas, pues ha provocado conversaciones que se deberían haber tenido hace mucho tiempo. Ha llegado la hora de que las empresas que dan prioridad a las operaciones sin riesgos empiecen a considerar alternativas como las nubes soberanas, los MSP, los proveedores de colocation y las estrategias multicloud. Harán falta esfuerzo, valentía e inversión, pero quedarse con los brazos cruzados tampoco es una opción.
Por consiguiente, estamos en el momento perfecto para que las empresas redefinan sus estrategias de nube. En suma, es hora de exigir sistemas mejores, más baratos y flexibles, al tiempo que se reducen los riesgos de una dependencia excesiva. De cara al futuro, la pregunta es sencilla: ¿estamos preparados para realizar los cambios necesarios para que nuestra infraestructura esté preparada, o nos sentamos a esperar a la próxima interrupción confiando en que sus consecuencias no sean irreversibles?
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