Alguna gente es tan fiel a ciertos perfumes que, para sus personas cercanas, ese olor le queda ya por siempre unido. Cuando se cruzan por la calle con alguien que usa esas mismas notas olfativas, piensan en su persona de referencia. Cierto es, eso sí, que la fragancia no es exactamente suya, aunque esa frontera se podría cruzar en cualquier momento gracias a la tecnología. Si la inteligencia artificial está revolucionando otras industrias, también lo está haciendo ya, como confirman desde el sector, en la de la cosmética y la perfumería, abriendo las puertas a productos personalizados y adaptados a cada persona.
La industria de la perfumería y la cosmética tiene un impacto global económico notable, posiblemente porque es un sector transversal a diferentes demografías. Solo en perfumes, el gasto mundial alcanza los 56.750 millones de dólares, según cálculos de Grand View Research, y escalará hasta los 78.850 millones para el cierre de la década. A esa cifra habría que sumar lo que se gasta en cosmética y productos de higiene, como jabones o champús, para tener la foto completa de la inversión mundial sectorial.
En España, según los últimos datos de Stanpa, la Asociación Nacional de la Perfumería y la Cosmética, la industria supone el 1,03% del PIB español. España consume al año 11.200 millones de euros en estos productos, pero también lanza al mundo una parte importante de lo que produce. Las exportaciones de las marcas españolas crecían en 2024 a un ritmo del 23%.
El potencial de la IA
Desde fuera, cuando se piensa en fragancias, maquillaje o hasta productos de higiene se suele visualizar algo casi artesanal, llevado hasta por las emociones y los impulsos un tanto artísticos. Sin embargo, ese es un sector con mucha ciencia, mucha innovación y, también, mucha tecnología. La inteligencia artificial es una de sus piezas emergentes.
Y, teniendo en cuenta esa vinculación con una suerte de genio creativo, ¿cuesta integrar a la IA en términos de cultura corporativa? “Como ocurre con cualquier transformación tecnológica relevante, la adopción de la IA supone un reto cultural”, explica Marc Ortega Aguasca, director de Data & AI en Bella Aurora Labs. “En nuestro caso, hemos trabajado desde el inicio para que estas herramientas no se perciban como un ‘juguete de TI’, sino como un habilitador real del negocio”, explica. Han usado “escucha activa de las necesidades de cada área y la construcción conjunta de soluciones que aporten valor tangible”, apunta. La IA entra a formar parte así de la “cultura creativa de la compañía, como un aliado y no como un sustituto”.
La experiencia de Bella Aurora Labs es una muestra clara de algo que la industria está percibiendo. La IA tiene un “papel estratégico” y una “importancia creciente”, como concluían los participantes en un evento sectorial centrado en esta herramienta organizado por Stanpa este diciembre. La inteligencia artificial se convierte así en “palanca de competitividad, eficiencia y modernización industrial”. Los usos que se le están dando son bastante parecidos a los que están aplicando otros sectores. La IA automatiza tareas y hace analítica de datos, mejora la trazabilidad o la eficiencia, afina la cadena logística o soporta la compliance.
Al tiempo, se introduce en áreas propias y únicas, como puede ser la mejora de formulaciones, el control de calidad, la aceleración de lanzamientos o el trabajo en marketing o atención al cliente. Así, por ejemplo, Bella Aurora acaba de desplegar un chatbot interno que responde a consultas en lenguaje natural sobre datos de la compañía. “Esto permite liberar a los responsables del dato de tareas repetitivas de soporte y, al mismo tiempo, ofrecer a los usuarios una mayor agilidad en la obtención de respuestas”, señala Ortega Aguasca.
Otra de las áreas en las que la industria ve potencial para la inteligencia artificial es la sostenibilidad. “La IA también tendrá un impacto decisivo en sostenibilidad, al permitir simular escenarios ambientales, optimizar cadenas de suministro circulares y tomar decisiones basadas en datos sobre materiales, envases y logística”, señala Adrià Martínez, director general del Beauty Cluster, en el que están asociadas compañías de cosmética, perfumería y cuidado personal.
Como defienden desde Stanpa, esta herramienta ya está generando valor real en la industria. “La IA ya está presente en la infraestructura TI de muchas compañías de cosmética y perfumería, no solo en marketing o ventas, sino de forma transversal”, confirma Martínez.
“La IA ya está presente en la infraestructura TI de muchas compañías de cosmética y perfumería, no solo en marketing o ventas, sino de forma transversal”,> afirma >Adrià Martínez, director general del Beauty Cluster
La era de la hiperpersonalización
Al tiempo, la IA se posiciona como una de las llaves que permiten seguir el ritmo de los avances del mercado y de las preferencias de consumo. Una de las tendencias sectoriales para este 2026 será, según las proyecciones del Beauty Cluster, la hiperpersonalización, esa búsqueda de lo único y propio. En resumidas cuentas, se podría decir que esa persona con una fragancia que huele a ella ahora quiere que literalmente las notas olfativas sean solo suyas.
“La hiperpersonalización ya no es un concepto aspiracional, sino una realidad operativa”, explica Martínez. El sector ya lo está viendo en “diagnósticos de piel basados en IA, recomendadores inteligentes en ecommerce y asistentes virtuales capaces de adaptar mensajes, rutinas y ofertas en tiempo real según el comportamiento, el contexto y los datos históricos del usuario”.
Las cosas ahora responden a lo que tú quieres de forma concreta. No se trata, además, de una cuestión con potencial a futuro, sino algo que se está ofreciendo ya en los canales de venta. Una muestra es el producto Skinceuticals Custom DOSE, al que solo se puede acceder en 8 puntos de venta en España y que usa una evaluación para crear un sérum personalizado, o la base de maquillaje Tonework, de la surcoreana Amorepacific, con más de 600 opciones de color. “En España ya vemos marcas y empresas que utilizan escáneres faciales con IA, cuestionarios avanzados y modelos predictivos para diseñar rutinas personalizadas y ajustar surtido y promociones digitales”, apunta Martínez. Este suma que esto no se está trabajando solo en experiencia cliente, sino que va también a lo que ocurre entre bambalinas. “Ya conocemos casos entre nuestros socios en los que se aplica también en procesos de formulación, planificación de producción, gestión de stocks y logística, permitiendo adaptar lotes, tiempos y recursos a una demanda cada vez más fragmentada”, señala.
El sector es, igualmente, plenamente consciente de los potenciales retos de esta apuesta. “Nos encontramos en una fase previa, pero absolutamente necesaria, para poder abordar la hiperpersonalización con garantías”, señala Ortega Aguasca sobre lo que están haciendo en su compañía. “Para extraer el máximo valor de los modelos que pueden impulsar nuestra estrategia de personalización, creemos imprescindible contar antes con una política de datos sólida y bien estructurada”, indica. El éxito llega de alimentar a la IA con buenos datos, pero también con hacerlo de forma segura.
Al fin y al cabo, hacerlo bien es todavía más importante cuando se echa la vista hacia el futuro, en el que la industria asume que la hiperpersonalización irá en aumento y la IA tendrá, por tanto, un papel aún más clave.
“Para extraer el máximo valor de los modelos [de IA] que pueden impulsar nuestra estrategia de personalización, creemos imprescindible contar antes con una política de datos sólida y bien estructurada”, reflexiona Marc Ortega Aguasca, director de datos e IA en Bella Aurora Labs
Nuevas oportunidades
“Todo apunta a que la cosmética y la perfumería evolucionarán hacia modelos cada vez más a la carta, tanto en producto como en servicio”, indica Martínez. Los productos serán para “cada persona, momento y estilo de vida”, lo que obligará a una mayor flexibilidad en la producción y a contar con “cadenas de suministro mucho más inteligentes”. “La IA actuará como el ‘cerebro’ que conecta datos, formulación, producción y logística en tiempo real”, resume.
Igualmente, esta personalización intensa hará que experiencias y cuestiones que ahora son consideradas de ultra lujo (por ejemplo, esos perfumes únicos) alcancen públicos mucho más generales. La tecnología está democratizando el acceso. “Esto transformará la perfumería en una experiencia íntima pero escalable, combinando exclusividad sensorial con eficiencia industrial”, ejemplifica este experto. El potencial es amplísimo, permitiendo hasta la cocreación de fragancias vía plataforma interactiva hasta el ajuste de las fórmulas para que respeten las necesidades de cada piel.
Los productos a la carta son el titular más jugoso, pero no es el único potencial que el sector ve a la IA o a la integración de otras herramientas, como es el boom de los wearables o la robotización de los almacenes. La tecnología se percibe “como un motor estratégico de diferenciación y competitividad para el sector”. “Hablemos o no de inteligencia artificial, la tecnología es hoy un pilar imprescindible para ser diferenciales en nuestro sector y seguir creciendo como compañía de referencia”, indica Ortega Aguasca. Las diferentes herramientas TI identifican palancas de crecimiento y mejoran la eficiencia operativa.
“La tecnología es uno de los principales factores que está permitiendo al sector de la perfumería y la cosmética ganar resiliencia en un entorno cada vez más complejo e incierto”, suma Martínez. Al tiempo, impulsa la innovación. “La biotecnología permite desarrollar fórmulas más eficaces y sostenibles, la realidad aumentada mejora la experiencia de compra y reduce devoluciones, y el uso de sensores e IoT [internet de las cosas] facilita un control continuo de los procesos industriales”, destaca.
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