La transformación digital de una organización ya no se mide únicamente en productividad, automatización o incorporación de nuevas herramientas. En entidades sin ánimo de lucro como Amnistía Internacional España, la tecnología también se ha convertido en una cuestión de independencia, privacidad y capacidad de actuación.
Desde hace más de una década, la división española de la organización trabaja con una premisa clara: reducir al máximo su dependencia de las grandes plataformas tecnológicas y mantener bajo control propio sus datos, sus sistemas y sus comunicaciones. Una estrategia que hoy, en pleno debate europeo sobre soberanía digital e inteligencia artificial, cobra una nueva dimensión. “Nosotros tenemos una política desde sistemas de ser independientes tecnológicamente, de ‘hostear’ todo lo que podamos nosotros para garantizar que no tenemos problemas para denunciar a ninguna compañía o que cualquier informe que podamos publicar afecte a los sistemas con los que trabajamos”, explica a CIO ESPAÑA Carlos López Berenguer, responsable de TI de Amnistía Internacional España.
Este planteamiento no es nuevo dentro de la organización. De hecho, López Berenguer asegura que llevan años trabajando en esta línea, mucho antes de que conceptos como “soberanía digital” empezaran a formar parte habitual del debate tecnológico europeo. “Este proyecto empezó hace más de 14 años, pero ahora se habla de soberanía digital y me parece que es un término potente y bastante adecuado”, señala.
Tecnología para no depender de las ‘big tech’
La estrategia tecnológica de Amnistía Internacional España se ha basado en buscar alternativas de software libre y sistemas ‘autoalojados’ que les permitan mantener el control sobre su infraestructura. “Hoy en día se habla mucho de soberanía digital y uno de los grandes valores que ofrece el software libre es el hecho de no ser dependientes de ninguna empresa para trabajar”, afirma López Berenguer.
El responsable de TI considera que esa independencia es especialmente importante en una organización dedicada a la defensa de los derechos humanos. “Ser capaces de trabajar contra Microsoft, es decir denunciar o investigar a la compañía sabiendo a ciencia cierta que no vamos a tener ningún tipo de represalia posible en cuanto al uso de nuestro software” es muy importante para la organización, sostiene.
A su juicio, el contexto geopolítico actual y algunos movimientos recientes de grandes compañías tecnológicas refuerzan todavía más esta filosofía. “No es casualidad, en nuestra opinión, que Microsoft esté retirando una buena parte del concepto de licencias a ONG justo después de que Donald Trump dijo que ninguno de sus proveedores podía tener determinadas políticas que iban en contra de la filosofía de su Administración”, afirma.
Según explica, este tipo de cambios pueden generar importantes problemas económicos y tecnológicos a organizaciones que dependen completamente de plataformas externas. “Cuando ya tienes toda tu infraestructura montada, tampoco tienes tantas opciones de decidir ir a la competencia, porque realmente estás imbricado”, señala.
Nextcloud: de una beta de cinco usuarios a convertirse en “la herramienta”
Uno de los principales ejemplos de esta estrategia tecnológica ha sido la implantación de Nextcloud como plataforma interna de trabajo colaborativo. La relación de López Berenguer con esta herramienta comenzó años antes de su despliegue en la organización. “Yo ya conocía el software y llevaba siguiéndolo desde hacía bastantes años”, explica.
En aquel momento, Amnistía Internacional España trabajaba todavía con servidores locales de archivos y comenzaban a extenderse soluciones como Microsoft 365 o Microsoft SharePoint. “Nosotros trabajábamos como mucha otra gente con un sistema de ficheros en un servidor local en la oficina. Todo el mundo iba presencialmente a trabajar y ya estaba empezando a surgir todo el movimiento de Office 365”, recuerda.
Sin embargo, la organización decidió explorar otra vía. “Propuse Nextcloud porque ya conocía el software, tenía bastante experiencia con software libre y ya teníamos bastantes cosas ‘hosteadas’. Al final era poner en marcha un producto más”, explica.

Carlos López Berenguer.
“La única manera real hoy en día de garantizar la privacidad con respecto al trabajo con las ‘big tech’ es saliendo de las ‘big tech”, sostiene el responsable de TI de Amnistía Internacional España
La implantación comenzó con una pequeña prueba piloto con cinco usuarios, que más tarde se convirtieron en diez y esos diez en treinta. Pero, el gran punto de inflexión llegó con la pandemia y el auge del teletrabajo. “Cuando llegó la pandemia ya lo teníamos puesto en producción con todo el mundo utilizándolo. Prácticamente nos salvó la vida a los de sistemas”, asegura.
La herramienta pasó además de ser un simple sistema para compartir archivos a convertirse en una plataforma de trabajo colaborativo. “Cuando la gente vio que podía editar concurrentemente documentos y trabajar conjuntamente de una manera transparente, empezó a encontrarle muchísimos más usos”, explica.
Privacidad, flexibilidad y control
Más allá de la funcionalidad, López Berenguer insiste en que el principal valor diferencial de este tipo de soluciones es el control sobre la infraestructura y los datos. “La única manera real hoy en día de garantizar la privacidad con respecto al trabajo con las big tech es saliendo de las big tech”, sostiene.
En este sentido, muestra una visión especialmente crítica sobre el tratamiento de datos personales por parte de las grandes plataformas tecnológicas. “Microsoft está buscando un profiling general de absolutamente cada persona que trabaja con un ordenador o que usa un ordenador en el mundo”, afirma. Es más, el responsable de TI considera que la integración creciente de servicios, cuentas y herramientas digitales está generando una recopilación masiva de información sobre los usuarios. “Todo esto se hace con excusas relacionadas con mejorar la seguridad o garantizar una mejor experiencia”, asegura.
Frente a ello, defiende que el software libre ofrece una alternativa más flexible y segura. “Ser tu propio Google sin comprometer la privacidad de tus usuarios, sin comprometer tus documentos y siendo independiente tecnológicamente es un gran salto”, resume.
Además de la privacidad, destaca también la capacidad de adaptación que les ofrece trabajar con infraestructura propia. “Hemos tenido bastante más flexibilidad tanto a la hora de administrar la plataforma como de recuperar datos perdidos o permitir maneras de trabajo más flexibles”, explica.
Pese a la apuesta por la independencia tecnológica, Amnistía Internacional España reconoce que todavía existen algunas dependencias difíciles de eliminar. A su juicio, determinadas herramientas de las grandes tecnológicas se han convertido en estándares de facto muy difíciles de evitar. “Uno de los grandes compromisos que siento que tenemos que hacer es utilizar Teams”, reconoce López Berenguer. “La gente ya no entiende tener una videoconferencia sin hablar de Teams. Mucha gente ni siquiera entiende que exista una alternativa”, señala.
Aun así, asegura que la organización ha conseguido alcanzar un alto grado de autonomía tecnológica. “Yo diría que estamos aproximadamente en un 70 y mucho por ciento de independencia tecnológica”, calcula. “Siempre pensamos mucho en esta situación: ‘Si Estados Unidos corta el cable, nosotros creemos que podríamos seguir trabajando prácticamente sin problemas’”, afirma.
Seguridad y protección de datos
La gestión de información sensible obliga también a mantener una estrategia tecnológica especialmente orientada a la seguridad. Según explica López Berenguer, la organización trabaja con un modelo de múltiples capas de protección. “Tenemos seguridad local, trabajamos principalmente con Linux, hacemos hardening, mantenemos versiones actualizadas, gestionamos de manera estricta los firewall y cómo se comunican los sistemas entre sí”, detalla.
La organización también utiliza herramientas de seguridad perimetral, antivirus y servicios especializados. Además, considera que el actual paradigma cloud ha generado cierta pérdida de cultura de control sobre los datos. “No existe una gran cultura de backup de los datos propios cuando todo está en SharePoint o en Azure”, advierte.
Inteligencia artificial: oportunidad y preocupación
La inteligencia artificial es otro de los grandes ámbitos en los que trabaja actualmente el equipo tecnológico de Amnistía Internacional España. La organización ya ha desarrollado políticas internas para limitar el uso de herramientas externas con datos sensibles. “Hemos desarrollado políticas para garantizar que no se comparten ni se ponen datos personales en ninguna inteligencia artificial controlada por una gran empresa”, explica.
Al mismo tiempo, trabajan en proyectos para desplegar modelos propios ‘autoalojados’. “Tenemos proyectos para hostear nuestros propios modelos y poder ofrecer a algunos usuarios herramientas con las que procesar datos personales sin comprometer información sensible”, señala.
Entre los proyectos en desarrollo figuran herramientas relacionadas con videoconferencia, transcripción, análisis y síntesis de voz y texto. “Buscamos llegar a un modelo híbrido en el que determinadas tareas puedan hacerse con herramientas externas y otras requieran infraestructuras propias”, explica.
“En los últimos dos años estamos viendo una gran mudanza ideológica. Se habla constantemente y con mucho entusiasmo de soberanía digital, de ‘hostear’ tus propios sistemas y de ser dueño de tus datos“
López Berenguer considera que la inteligencia artificial transformará profundamente el trabajo de las organizaciones durante los próximos años. “Estamos hablando de máquinas que son capaces de iterar e iterar y prácticamente no hay un solo aspecto de nuestro trabajo que no se vaya a ver afectado”, añade.
Pese a ello, cree que precisamente esa transformación hace todavía más importante mantener el control tecnológico. “Es muy buen momento para intentar ser independientes tecnológicamente y controlar la mayor parte de nuestros sistemas”, concluye.
Un cambio cultural que ya ha comenzado
Durante años, López Berenguer reconoce que quienes apostaban por mantener infraestructuras propias y reducir la dependencia de las grandes plataformas tecnológicas eran vistos como una rareza. “Durante mucho tiempo nos sentimos bastante solos haciendo esto”, admite. Sin embargo, considera que el contexto actual está impulsando un cambio de mentalidad. “En los últimos dos años estamos viendo una gran mudanza ideológica. Se habla constantemente y con mucho entusiasmo de soberanía digital, de hostear tus propios sistemas y de ser dueño de tus datos”, explica.
Para el responsable de TI de Amnistía Internacional España, ese giro confirma que el camino emprendido por la organización hace años tenía sentido. “Ahora nos damos cuenta de que, en algunos aspectos, teníamos buena parte de razón y que hemos hecho lo correcto y lo necesario”, concluye.
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